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Etechan Butt

Inicio / La radiografía

Sin coste · sin llamada · respuesta en 48 horas laborables

La radiografía de 10 minutos.

Cuéntame un proceso de tu empresa en ocho campos. Te devuelvo por correo un documento de dos o tres páginas con qué parte se puede quitar, en qué orden conviene hacerlo y qué costaría de partida.

Lo escribo yo, leyendo lo que me cuentas. No es un informe generado ni una plantilla con tu nombre arriba. Por eso tardo dos días y por eso no puedo hacer veinte a la semana.

El documento tiene tres apartados.

01

Qué se puede quitar

De los pasos que me cuentes, cuáles puede hacer una máquina hoy, cuáles necesitan que alguien mire y cuáles conviene dejar como están, con el porqué de cada uno.

02

En qué orden

Casi nunca conviene empezar por lo más grande. Se empieza por lo que se paga solo en dos meses y deja sitio para lo siguiente. Te digo por dónde empezaría yo.

03

Qué costaría de partida

Una horquilla de coste y de plazo para el primer paso, y lo que costaría mantenerlo al mes. Si mi respuesta es que no compensa, eso es lo que pone el documento.

Los ocho campos

Diez minutos bien contados.

Cuanto más concreto seas describiendo el proceso y los números, más concreto puedo ser yo.

Necesito saber de qué empresa hablamos.
Dime cómo te llamas y qué haces.
Ahí te mando el documento. Revisa el correo, parece incompleto.
Sólo para preguntarte lo que no entienda.
Esto es lo único imprescindible: cuéntame el proceso.
Dime quién lo toca y con qué frecuencia.
Un número aproximado vale. Es lo que decide si compensa. Aunque sea a ojo, pon un número.
Programas, hojas de cálculo, carpetas, papel. Lo que haya. Dime con qué herramientas se hace.

Por qué no cuesta nada.

Escribirlo me lleva una hora y me sirve para saber si tu caso es de los que sé resolver. Si lo es, te propondré el siguiente paso con precio cerrado y tú decidirás. Si no lo es, te lo digo en el mismo documento y te ahorro la llamada.

No hay secuencia de siete correos detrás. Te llega el documento y, si no contestas, no insisto.

Cuándo no te lo voy a poder escribir.

  • Cuando el proceso pasa cuatro veces al año. Ahí no hay nada que automatizar que compense.
  • Cuando el problema no es el proceso sino que dos departamentos no se hablan. Eso no se arregla con software.
  • Cuando me lo cuentas en dos líneas genéricas. Si no entiendo el proceso te escribiré preguntando, no inventando.

¿Prefieres contarlo hablando? Son quince minutos por videollamada y salimos con lo mismo, más rápido.